La cabaña
¿Qué persona, que tiene todo para realizar su sueño, no empieza a concretarlo? Más cuando el camino se muestra allanado y prometiendo dar un premio mayor al anhelado. Pero las personas, con su desconfianza, codicias y traiciones pueden poner en vilo y en peligro al soñador…
Prólogo
Gustavo va tras su sueño. Está libre, jubilado. Tiene todo para conseguirlo: Motivación y dinero. Aunque de este último no necesita una cifra sideral. Por todo ello se siente seguro de lograr su deseo de hace años. Un deseo importante, porque conlleva un drástico cambio en el estilo de vida… Gustavo tiene una marca: No es una persona de suerte. La buena estrella lo ha acompañado muy pocas veces en su ya extensa vida. A pesar de ser una persona voluntariosa, tenaz, muy inteligente, nunca tuvo fácil lograr sus objetivos. Y de hecho tuvo demasiados fracasos y hasta trastornos en cosas simples. Pero de pronto, ni bien se pone a trabajar para conseguir su sueño, el camino a este se le presenta muy fácil. Extrañamente muy fácil. Por eso él se colma de sospechas y precauciones. Tan posible se ve todo, que hasta una persona con una vida pletórica de ayudas de la diosa fortuna, se inundaría de prudentes cavilaciones. Pero el asunto se ve irresistible. Atrayente como un imán. Y Gustavo sopesa correr el riesgo, a pesar que la vida lo ha vuelto sumamente prudente… La situación se desarrolla y debe decidir. Por sí o por no. Su decisión puede acarrearle grandes desafíos y problemas… Durante el proceso Gustavo aprenderá que la ambición desmedida puede llevarnos a la muerte. Y que todos los extremos son malos: Se deben meditar las cosas, pero en su punto exacto, sino se cae en falsos pareceres, prejuicios y demás. Si bien la base de su sueño tiene que ver con algo material, Gustavo vivirá en pos de este una auténtica aventura espiritual.
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